Artículos para: La visión bajo el agua II

La vista es uno de los sentidos que más se modifica bajo el agua. El submarinista se vuelve un hipermétrope con 42 dioptrías que apenas puede ver. Esto se debe a que el líquido hace que el ojo pierda su poder refractivo. La disminución de la agudeza visual y la alteración de los colores son otras características de la visión subacuática, que con la equipación y entrenamiento adecuados se pueden subsanar. Disminución de la agudeza visual, variación del poder refractario del ojo, alteración del tamaño de los objetos y pérdida de colores son los cambios que experimenta la vista bajo el agua cuando se bucea.

A medida que se desciende se reducen la luz y los contrastes como consecuencia de la dispersión al cambiar de un medio a otro. Además, el buceador pasa de tener una visión fotópica en condiciones normales a otra escotópica, por lo que es aconsejable un período de transición, indican Paloma Sobrado, profesora de Optometría, Edmundo Usón, profesor titular de Oftalmología, Julia Suárez, profesora de Optometría, y Jaime Miralles de Imperial, catedrático de Oftalmología, todos ellos de la Universidad de Murcia, autores de un trabajo de investigación titulado Características de la Visión Subacuática: procedimientos de compensación, óptica en el buceo.

El empleo de fuentes de luz adicionales dirigidas al objeto observado puede mejorar parte de la agudeza visual perdida, aunque si hay gran cantidad de sustancias en suspensión, como algas, placton o minerales, la luz de la fuente alternativa puede volver a crear dispersiones en la visión.

Los expertos recomiendan colocar filtros rojos delante de los ojos momentos antes de realizar la inmersión, medida que permite reducir el tiempo de adaptación a la visión escotópica.

El poder refractario del ojo también se altera durante el tiempo en que se prolonga la inmersión. La diferencia de índices de refracción del aire y la córnea determinan el poder refractivo de la segunda y, al ser el agua casi igual a ésta, se anula la refracción y el buceador se convierte en hipermétrope, alcanzando las 42 dioptrías, lo que hace casi imposible poder ver.

En estos casos, el empleo de una máscara, que crea una capa de aire entre el agua y el ojo, contribuye a restablecer, en parte, las condiciones normales de visión, aunque el buceador seguirá siendo hipermétrope, aunque las dioptrías se reducirán a 0,75.

La distancia que hay entre el nadador y los objetos se altera bajo el agua: por una parte, las cosas se ven más grandes de lo que realmente son, y por otra, la distancia se modifica, lo que hace que el buceador pierda la capacidad de localizar objetos y tenga problemas para coordinar correctamente la mano y el ojo.

Visión en relieve
Si el agua está turbia, la distancia respecto a las cosas aumenta, lo que unido a la visión borrosa que percibe el buceador hace que se inutilice su sistema de detección de pequeñas disparidades y pierda, por tanto, la visión en relieve. A todo esto se suma la disminución del campo periférico, que hace que los elementos situados alrededor del buceador se vean peor o incluso desaparezcan. Un entrenamiento adecuado en la superficie de valoración de distancias puede ayudar al nadador cuando desciende.

El agua distorsiona los colores de los objetos, aunque el empleo de fuentes de iluminación accesorias con los tonos cromáticos adecuados ayuda a recuperar parte de ellos. No es aconsejable emplear filtros directamente sobre la fuente, pues se reduce la cantidad de luz que sale de ella.




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Enviado el: Marzo 01, 2005
Última modificación: Marzo 01, 2005

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